Resenha #especial

QUERÍA SER VÍCTOR_

la reseña de esta edición es sobre un fragmento de un episodio de una serie. Lo menor de lo menor. Un vistazo. El pasaje. Para que seamos quienes queramos ser.

En las últimas semanas, dos cosas me impresionan en la cuarentena (bueno, más cosas, pero quiero destacar dos): la veloz competencia de las personas que subtitulan de forma no-oficial series y películas extranjeras -eso siempre me llamó la atención, pero ahora está más presente porque es como si ellas estuviesen diciéndome: calma, nosotras todavía estamos aquí, una de las pocas buenas “instituciones que todavía funcionan a todo vapor”; y el incomodo que mi cuerpo siente cuando, viendo esas películas y series, veo gente besándose, desconocidas saludando con abrazos, bares llenos y lugares para bailar. Mi cuerpo ya aprendió, siente casi como si fuera una ficción científica de 2020, incluso siendo solo una serie dramática adolescente.

Esas dos cosas se encuentran conmigo mientras veo el más nuevo éxito juvenil. Love, Víctor (HULU, 2020). La serie aún no fue lanzada en Brasil, pero se puede encontrar fácilmente en páginas web piratas, cuenta la historia de Víctor, un chico de 16 años que está en el momento de intentar entender sus deseos y placeres sexuales mientras se muda para una ciudad nueva con su vieja familia tradicional (Católica y con casos de traición y misoginia, tradicional de verdad). En su proceso, incluso siendo novio de una chica, él busca entender si es gay y cuenta con la “tutoría” vía direct del Instagram de Simón, un ex-alumno del colegio (que salió directamente de la película “Love, Simón” que funciona de precuela de la serie).


Bueno, en general es eso y este texto no pretende cautivar nuevos expectoras ilegales de la serie. Quiero detenerme en un episodio, en una escena.

¡Spoiler!

El episodio es el octavo (de la primera temporada) y la escena es ya casi al final. Victor viajó a New York para tener una “experiencia gay” (sic).
Pero, por la noche, cuando está en la fiesta con las nuevas amigas (y aquí mi cuerpo se estremeció por ver un local lleno, con nostalgia de un bar de viernes en la noche) él descubre que Simón contó sus secretos e historias para todas ellas. Sale del lugar bravo con la vida y se encuentra al propio Simón del lado de afuera.

Ahí sucede este diálogo (agradecimientos al equipo de InSanos por la traducción):


VÍCTOR: Mira, Simón, confié en ti. Pensé que hablaría y se quedaría entre nosotros dos. Ahora percibí que todo el tiempo estabas sentado con tus amigos, riendo de mi vida idiota y perturbada.
SIMÓN: No, Víctor, no fue eso lo que sucedió. Lo juro. Cuando tú me mandaste el primer mensaje yo me emocioné. De verdad, pero yo estaba con miedo. Se que quieres que sea tu gurú, que tenga todas las respuestas, pero la verdad es que no las tengo. Yo no quería presionarte mucho o decirte algo equivocado. O hacer tu vida más difícil de lo que ya era. Y, como dijiste en tu primer mensaje, no somos iguales. Yo nunca tuve novia. Pero Bran tuvo. Y no tuve papás tan religiosos, pero Justin, tuvo. Cada uno de mis amigos tenía un poquito para ofrecer. Una pequeña pieza del rompecabeza. No estaba por ahí riendo de tu vida. Estaba de tu lado, oyendo, ayudando y haciéndote barra.
VÍCTOR: ¿Por qué iban a querer ayudar a un completo extraño?
SIMÓN: Porque tú no eres un extraño. Eres una de nosotras. Para mi, esa es la mejor parte en todo esto. Tener una comunidad. Un grupo de amigos que dedicaran su fin de semana para ayudar a alguien que nunca vieron, solo porque saben que, de alguna forma, todas nosotras pasamos por la misma cosa.


Minutos después, ya de regreso al bar, Víctor es llamado al escenario por una drag queen y dice que aquella ha sido la mejor noche de su vida. (Claro, no puedo juzgar, si yo estuviese en un bar con show drag, entre amigas y coqueteando en 2020, también sería la mejor de mi vida). Y es aquí donde quiero llegar. Quiero hablar un poco sobre comunidad lgbtqia+.

Para hacer una reseña, comienzo a recordar escenas asociadas:
El año es 2016 y la ciudad es Juiz de Fora. El Colectivo de Diversidad Sexual y de Género Dos Cabezas existe y nosotras nos encontramos algunas veces al mes, en la grama de la Rectoría de la Universidad Federal de Juiz de Fora, para conversar sobre nuestro modo de ser y hacer política. El día 08 de marzo (o unos días antes, no recuerdo) me llaman para ir a una manifestación frente al Foro, allá en el Parque Halfeld. Yo voy.

¿Por qué vamos para allá? ¿Por qué fuimos llamadas?


Beatriz está en medio de un proceso judicial de rectificación del nombre de registro en sus documentos. Ella es una mujer que tiene en la Partida de Nacimiento, Cédula de Identidad y afines un nombre con el cual no se identifica y quiere cambiar (quiere colocar en ellos el “Beatriz”).

Bueno, como ustedes pueden imaginar eso no es tan fácil ni tan barato, aunque debería serlo. Más allá de esos problemas comunes/esperados, el proceso de Beatriz estaba sufriendo una serie de retrasos injustificados, pérdida de datos y desinformación. Ahí, ella tuvo la idea de la manifestación.

Y entonces, traigo lo que identifico como una práctica para una comunidad lgbtqia+: sobrevivencia. Entiendo que Beatriz no entró con proceso de rectificación del nombre e incluso no llamó una manifestación por capricho o distracción, pero si para sobrevivir.

Usando la expresión de Daniel Veloso Hirata, sobrevivir en la adversidad. Es cierto que Daniel estudió otras experiencias de sobrevivencias -la de personas pobres con trabajos informales en la periferia de São Paulo-, aún así acompaño el sentido trabajado por él entendiendo que rectificar el nombre de registro (siguiendo nuestro ejemplo, pero no solo por eso) se puede incluir como movimiento de sobrevivencia cuando dice tanto del enfrentamiento de una economía de muerte promovida por el Estado, cuanto de la creación de dignidad para sí.

Y de ahí, conseguimos imaginar (recordar) varias situaciones: permanecer en el armario ante la familia o el empleo; vestirse de acuerdo al género designado para salir a la calle en ciertas situaciones; estudiar sobre género y sexualidad; no beber agua en la calle para no tener que ir a los baños públicos; andar en grupo; escoger la hora cierta de hablar (y cómo hablar); etc.

Prácticas comunitarias, o solo comunidad, para nosotras lgbtia+ ahí en el Parque Halfed de Juiz de Fora partió de ese principio básico: sobrevivir en la adversidad. No voy a extenderme. Estoy de acuerdo con Daniel, “las letras de los Racionais MC’s son una fuente práctica inagotable de compresión de las representaciones asociadas a las prácticas que suceden en torno a lo que llamé de sobrevivir en la adversidad” ” (HIRATA, 2010, p. 140). Y yo agrego, las letras de Linn de la Quebrada y Liniker, también.
Por eso, como canta Emicida, Majur y Pablo Vittar: “Si eso es sobre vivencia, resumirme a la sobrevivencia es robar un poco de lo bueno que viví”

No es solo sobrevivir. Digo, no es solo un movimiento particular, del yo. Existe también la promoción de la vida para nosotras. Al final, si el día 08 de marzo Beatriz llamó, el grupo fue. Nosotras llegamos, abrazamos (gatillo), escribimos carteles, fuimos impedidos en la puerta del Foro, esperamos del lado de afuera, fuimos para el escritorio de abogados, volvimos, tuvimos noticias y entonces, todas juntas, agarramos nuevamente el autobús 540 subiendo para São Pedro.

Entiendo eso como prácticas comunitarias.

Así, el individuo que sobrevive en la adversidad no se queda solo. La gay, lésbica, bi o trans pasa para la experiencia en comunidad lgbtia+ — que percibo como prácticas de promoción de la vida exactamente por romper con el aislamiento de alguien que vive en una familia, que frecuenta una escuela y/o que trabaja en un espacio exclusivamente heterosexual, por ejemplo. Es una experiencia de comunión, abrazos, luchas y autobuses en conjunto.

Más allá de ese compartir común, la comunidad me parece estrategia de defensa de dignidades, derechos y prácticas que no necesitan decir directamente de mi o de mi experiencia. Nuevamente, romper con el yo aislado. Aunque esas demandas parten del mismo sistema de necropolítica que trata a todas nosotras como blanco, ellas son diferentes.

A partir de eso es que traigo otra práctica comunitaria lgbtia+: la unión entre vecinos. Ese término lo agarro de Mauricio Phélan y Alejandro Guillén (2012) cuando hacen un estudio sobre buen vivir y apuntan la importancia de eso en la construcción de redes de apoyo, comunicación y materialización de obras y proyectos - entiendo que para defender la vida.

Una comunidad parece estructurarse también cuando se conjuga a sus vecinos en acciones colectivas. Sean otras mujeres, grupos étnicos-raciales (como negras e indígenas), estudiantes, religiones colocadas al margen, etc. Vecinos que consiguen organizarse y actuar: ocupando un edificio, manifestando frente al Congreso, defendiendo la libertad de expresión en las escuelas, colando un café en medio de una campaña, conversando en la puerta de un bar o produciendo un episodio de serie que habla sobre la importancia de compartir afectos.