Ilustración #especial

COMETA_

la ilustración de esta edición es el conjunto de imagen + texto COMETAS, de Neilton Reis.
Queremos pensar juntas en nuestros tiempos, espacios y la enunciación de los afectos.
Autobiografíar nuestras pasiones y hacerlas volar.

Esperé cinco años para contar que me gustaban los chicos.

Recuerdo que desde el momento en que comprendí lo que me estaba pasando; desde el momento en que me fijé en los chicos y me di cuenta de lo que estaba pasando en mi cuerpo con este encuentro; desde el momento en que crucé los ojos con el chico de los pantalones de uniforme en la escuela, sin camisa y con el sudor del fútbol; desde el momento en que perdí un poco el aliento y no supe qué hacer con las manos; desde aquello hasta el siguiente momento, la conversación en la piscina, pasaron cinco años.

También recuerdo el día de la piscina. Sé que estaba Isabelle. Lorena, Larissa, Paula y Nayara también. Livia no estoy segura (probablemente sí). Camilla ciertamente no estaba. Ella andaba desaparecida aquella época. Y todavía lo está.

Éramos como cualquier otra comunidad de amigas ese verano de la ciudad caliente en uno de los años más calientes. Era 2012.

"Creo que me enamoraría de los chicos", fue lo que dije. Después de tanto ensayar, incluso ya conociendo a esas chicas desde hace cinco años.

Esa escena se repitió durante años.
No la piscina.
No las chicas.
No el cloro.
No la ciudad.
No la forma en que la luz golpeaba el agua y se reflejaba en las baldosas para alojarse en los vitrales de las ventanas a las 5 pm (casi a la hora del autobús).
No.
Pero el calor en mis orejas se repitió.
La expectativa de la respuesta.
Las ganas de reír por los nervios.
Sin saber qué hacer con mis manos.

“Creo que me enamoraría de los chicos"
"Me gusta estar con chicos"
"Estoy enamorada de un chico"
"Soy un chico que ama a otro chico"
"Me excitan los chicos"
"Besé a un chico"
"Me cogí a un chico"

Y la forma en que después de hablar, el aire se quedaba un poco atorado en la garganta seca, ventilando las cuerdas vocales, haciendo que quisieran tragar seco.
Sí, eso se repitió durante años.
Hasta no saber más cuándo.
Tal vez unos años más tarde, ¿cinco?

Yo estaba en Salvador, Bahía. El viaje más acompañado que he hecho solo. El primer evento académico de sexualidad y género del que participé en mi vida. La fiesta del Caruru da Diversidade en la calle que daba al mar. El chico con el cabello como el mío que sonrió como un tonto.

Sí, me enamoré hace cinco años.
Estaba en la playa de Salvador de Bahía y me enamoré hace cinco años.

Había algo en los SMS y en las conchas que guardamos en el bolsillo del short cuando estábamos en la orilla. Recuerdo el short pegado a la piel, secándose al sol de un día feriado mientras me preguntaba si había visto alguna vez a alguien tan tranquilo usando alpargatas. Creo que nunca lo he dicho así, pero recuerdo mucho la sonrisa del niño que salía del mar. Parecía que nunca había visto el mar antes y al mismo tiempo parecía conocerlo bien y sentir nostalgia. Recuerdo bien la sonrisa del niño que salía del mar sin darse cuenta de que perdió las conchas que recogió en su short. Las devolvió al mar. Las conchas se perdieron entre las líneas y las olas, hundiéndose muy lentamente hasta el fondo. Mezclándose con la arena mojada,volviendo a la grava.

(Y por hablando del niño que sonríe y devuelve, ¿cómo lo llamas tú? ¿cometas? ¿papagayo? El más hábil volador inesperado de cometa con cola que tuvo Bahía, es un niño que sonríe y devuelve. Sonríe al mar y devuelve las conchas. Sonríe al cielo y devuelve las cometas. Nos sonríe y devuelve besos. Sonríe a la cerveza y devuelve la tapita.)

No quiero sentir nostalgia de la Tapita. No. Pensé en hacer un trabajo manual. Situarme entre pinturas y pintar cometas, colores, rostros, cabellos, ojos cerrados en tapitas de cerveza.

Creo que me enamoré porque estaba acostado en aquel tejido.
Creo que dejé de quedarme callada porque estaba volando aquella cometa.
Creo que pude hablar sin sonrojarme porque estaba en aquella comunidad.

Mientras actualmente estoy sintiendo-pensando comunidad, algunos puntos parecen cruzar el horizonte y cortar el aire arrastrando gente y otros sentir-pensares.

(Algunos, los más viejos, ya habían hecho este movimiento de cometa: la bienvenida; la identificación; las formas de seguridad, salud, vivienda; otras organizaciones económicas posibles; la amistad; la ocupación del espacio.)

Ahora, la intimidad, la demostración pública y la enunciación de afectos, cruzan el cielo azul de otra ciudad caliente. Cinco años después, aún no he aprendido que para acceder a la autobiografía de una persona se necesita, al menos, una cerveza en el bar de Tapita y una pasión por el encuentro.

Entonces, reelaboro todo el sentir-pensar. Vuelvo a Linda Smith y reformulo mis seis preguntas habituales: ¿quién? ¿para quién? ¿por qué? ¿para qué? ¿qué? ¿cómo?

Invento otros deseos y otras formas de hacer que la luz golpee las baldosas. Otras formas de producir intimidad. Otras formas de producir enunciación para cruzar el cielo.

Puede que me lleve otros cinco años.