Entre paréntesis #especial

La escena sucede en una comunidad de jóvenes. Dentro de una pequeña capilla, Nuestra Señora de la concepción, a la orilla de la playa. Estamos nosotras, jóvenes del barrio, sentadas en círculo en el piso. En el centro hay unas telas coloridas, velas, flores, un libro y agua. A eso lo llamamos “mística”. Lo que celebramos es un Oficio Divino de la Juventud (ODJ), un acto conmemorativo inspirado en el Oficio Divino de las comunidades, creado por la corriente de la Teología de la liberación en Brasil después del Concilio Vaticano II en la década de 1960. El ODJ es una producción de la Pastoral Juvenil y todas en este círculo somos pjoteiras. Miro para los lados y veo concentración y vínculo con lo sagrado -sea lo que signifique eso para cada persona.

Para mí el olor a incienso habla de tener motivos para abrazar y declarar amores. Por cierto, lo que aquí decimos querer y construir es la “Civilización del Amor”. El término nos llega a través de documentos, pero creemos estar vivenciándolo entre nosotras. Creemos vivir entre compañerismos, acogidas, luchas en común, intercambios y amor. Miro hacia un lado y veo al chico que se declaró a otro chico la otra madrugada y me parece cada vez más que vivenciamos lo que creemos, mientras entono el canto:—vinimos para comulgar con la lucha sufrida del pueblo que quiere tener voz, tener oportunidad, lugar/ comulgar es convertirse en un peligro/ vinimos para incomodar/ con la fé y la unión/ nuestros pasos, un día, van a llegar—.

En la Pastoral de la Juventud, compartiendo con otras jóvenes, aprendí que la Civilización del Amor significaba este espacio de comunión, de vida digna (con voz, oportunidad, lugar) y de lucha. Tuve esta idea durante algunos años, entendiendo que estábamos en paz en nuestra pequeña y única comunidad de barrio.

Fue en 2012 que cambió.

La escena ahora se traslada a São Paulo. Inicio de enero de 2012. Llego solito a la ciudad y me encuentro con mi hermana y unas amigas a la puerta del Teatro TUCA, para participar del Curso de Verano del Centro Ecuménico de Servicios a la Evangelización y Educación Popular (CESEEP). El evento, de una semana de duración, se fundamenta en los mismos ideales de la Pastoral de la Juventud, y utiliza también la jerga de la Civilización del Amor. Además de las conferencias por la mañana sobre la temática: religiones constructoras de justicia y paz; y de los talleres de la tarde que llamábamos Carpas- —la mía era de lenguaje fotográfico—, teníamos celebraciones. Varias de ellas conducidas por denominaciones religiosas diferentes e incluso sin denominaciones. Las celebraciones se llevaban a cabo por todo tipo de gente, de (casi) todo tipo de pensamiento —recuerdo a Douglas y a otra atractiva gay que se hospedaron con nosotras y usaban pañuelos, maquillaje y vestidos para ir al curso y caminar por las calles de São Paulo. Ellas sabían vivenciar su propia Civilización del Amor.

Fue ahí, en el Curso de Verano, donde aprendí que “Civilización del Amor” son varias civilizaciones de muchos amores.

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Mi reflexión aquí es que de la misma forma que percibí la Civilización del Amor de la Pastoral Juvenil, multiplicada en varias civilizaciones de muchos amores, percibo la idea del Buen Vivir; como una “cosmovisión” andina, que se acerca (y se ve multiplicada) de tantas otras, alrededor del mundo y de la historia.

¿Es eso? Mis encuentros me agitan en informaciones y discusiones.

Antes de hablar de ello es interesante contar que las expresiones “Buen Vivir” o “vivir bien”, son traducciones del kichwa —sumak kawsay (en el territorio político ecuatoriano), del aymara —suma qamaña y del guaraní —lade reko (ambos en territorios políticos de Bolivia).

Entonces, sabiendo que el término viene de un lugar indígena y andino, me pregunto: ¿es acaso posible realizar esta aproximación? De hecho, me pone en tensión.

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“Existe también un Buen Vivir en las comunidades afrodescendientes del Pacífico de Colombia o de los extractores de caucho o de castañas del Amazonas. Estos grupos viven en la selva, pero no son indígenas, ni afrodescendientes. Expresan una mezcla intensa que culmina en una originalidad propia, donde su propio estilo de vida depende de la integración en ciertos ecosistemas. Es aún más necesario promover el debate sobre el Buen-Vivir en otros contextos, con otros actores. “¿Cuál sería el Buen-Vivir al que aspiran los vecinos de una favela en Brasil?” (GUDYNAS, 2011, p. 9)

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"(...)presentamos el paradigma del Buen Vivir como un sincretismo de varias tradiciones y de ciertas corrientes del pensamiento moderno, como un nuevo aporte al pensamiento crítico multicultural. Pero no presentarlo como “Buen Vivir Andino”. Hubiera sido más honesto y adecuado, y desde ahí comenzar a debatir diferentes visiones y concepciones para establecer acuerdos y respetar diversidades. Y así aprender a convivir entre diferentes complementarios, tomando el equilibrio y la armonía como eje modular de vida. En todo caso, debemos apuntar a eso, ahora más que nunca en que el progresismo se encuentra empeñado en imponerlo a su medida y soberbia.” (OVIEDO FREIRE, 2012, p. 58)

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“Dicho de otra manera, el Buen Vivir es un concepto que sirve para agrupar diversas posturas, cada una con su especificidad, pero que coinciden en cuestionar el desarrollo actual y en buscar cambios sustanciales apelando a otras relaciones entre las personas y el ambiente”. (GUDYNAS, 2016)

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Buen vivir puede funcionar como una red que ayuda a denominar una serie de “cosmovisiones” que hablan de ciertos lugares, tiempos, prácticas, relaciones con y entendimiento de mundo y vida.
La cuestión pasa a ser: ¿qué une a esas “cosmovisiones” en torno a la red del Buen Vivir?

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Antes de hacer un estudio general sobre las cosas que unen “cosmovisiones” en torno al mismo término Buen Vivir, necesito explicar por qué pongo comillas en “cosmovisiones” (¿viste? lo hice una vez más). Esto es por causa de aquel encuentro con Atawallpa Oviedo frente a una casa abandonada. Estábamos los dos tomando sol, sentados en una toalla con cintas estampadas del Señor del Bonfim que compré en una playa en Salvador de Bahía (Brasil) en 2015.

Él dijo: “(...)no estamos de acuerdo con la palabra ‘cosmovisión’ en referencia a lo andino, por cuanto ‘visión’ entraña una posición básicamente intelectual, racional, lógica, interpretativa (pensamiento); que se desliga de lo sensitivo, perceptivo, emocional, ritual, artístico, mágico, vivencial (sentimiento), que es el otro componente básico complementario de la vida. En otras palabras, el conocimiento objetivo sobreponiéndose y anulando al conocimiento subjetivo, para auto considerarse científico y por ende, único y válido”. (OVIEDO FREIRE, 2012, p. 51)

Mi cuerpo calentado por el sol recuerda esa relación entre pensamiento y sentimiento, cuando experimenta y dice de prácticas y vidas lgbtqi. Recuerda aquello que vivió en comunidad. Recuerda el Curso de Verano. Y también las conversaciones en aplicativos de citas y fiestas. Recuerda las lecturas y los encuentros.

Estoy de acuerdo.

Es necesario extrañarse con las palabras.

Pero, entonces ¿cómo hablar? - nosotras lgbtqi parecemos tener cierto fetiche cuando nos preguntamos —¿cómo voy a nombrarme?

“Cosmoconciencia”, por la conexión y complementariedad entre la razón (pensamiento) y corazón (sentimiento). Encarando conciencia como una forma de “(...) sabiduría, de cosmocimiento, de entendimiento, de comprensión y de asimilación desde lo intelecto-perceptivo-espiritual-vivencial, en el cual no hay separación ni preeminencia de una sobre otra.” (OVIEDO FREIRE, 2012, p. 51).

(El cosmocimiento es un concepto también propuesto por él para decir de un lugar de la experiencia, mientras que el conocimiento podría continuar siendo utilizado dentro del paradigma occidental)

Cosmoconciencia no es una disputa de términos o de invenciones deliberadas de formas de hablar. Aunque si así fuese, yo no vería problemas y me parecería divertido. Pero, no. Esto es la creación de símbolos que consigan hablar, dentro de nuestro sistema de comunicación escrito, de las experiencias, procesos y vidas no-occidentales.

Con esto no consigo parar de recordar, una vez más, el Curso de Verano de 2012: los cuerpos, mentes y corazones en celebraciones dirigidas a tantas cosas sagradas que uno podría imaginar en aquella escena. Y enseguida, té y conversaciones en carpas compartidas sobre comunidades y educación. Cosmocimiento surgiendo de tropiezos y danzas a la hora del almuerzo, cosmoconciencias de la Civilización del Amor.

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Por cierto, fue allá en el Curso de Verano que aprendí que “Civilización del Amor” son varias civilizaciones de muchos amores. Ya que hablé sobre esto antes ¡Imaginen otra escena!

Un teatro lleno en el cierre del Curso de Verano de 2014. Participo de un acto colaborativo en una pequeña escena: —¡Carol! ¡Carol! Enciende la radio, ¡la transmisión ya va a comenzar!— Sí, podemos decir que se podría comparar con un papel destacado en un estreno de Broadway. Lo que hace esa escena especial es que yo estaba en el fondo, a punto de correr y gritar cuando un chico se acercó. Nos habíamos besado algunos momentos antes, ahí cerca de las escaleras de la entrada. Él estaba sonriendo y cargaba una bandera en las manos. Se volteó la colocó en mi cuello y la amarró, haciendo que pareciera una capa. —Es una wiphala, ¡entra con ella!— Parecía una bandera cuadriculada de arcoiris y eso me gustó. Me enamoré de un hombre en aquel Curso de Verano, el tercero al que yo iba.

Ya había sucedido antes, en el primer y segundo curso. Siempre de hombres (o chicos). Creo que fue ahí que comencé a reflexionar: —¿es necesario estar en una civilización del amor para poder enamorarse?
—Make love, pensé envuelto en la wiphala mientras corría por el teatro y gritaba.

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Sí, tiene que ver con el amor, ¿sabes? Aquello que une las cosmoconciencias en torno al mismo término Buen Vivir. Envuelve de amor y hace que corra y grite entre los asientos hasta llegar al escenario. Pero, tiene que ver con algo más.

En todos los encuentros que vengo haciendo acerca del Buen Vivir, destaco a: Acosta, Atawallpa Oviedo Freire, Eduardo Gudynas, Soledad Varea, Sofía Zaragocin, Adriana Rodríguez Salazar —vengo percibiendo algunas dimensiones que envuelven esta red. Puedo pensar en resumen sobre: la defensa de la vida (de cualquiera de ellas y en todas sus etapas); la noción de comunidad (en la que estas vidas están inmersas) o, desde una perspectiva, en consonancia con Floriberto Díaz Gómez (2004), como comunalidad; el derecho de la naturaleza, desde una perspectiva de organización socio-biocéntrica (y no antropocéntrica), de todas las vidas; la espiritualidad que se conecta con ese divino-etéreo de la naturaleza y con rituales que descolonizan mente-cuerpo; la idea de ser una alternativa al desarrollo y a toda esa narrativa de progreso occidental; y la producción de posibilidades de imaginar otros mundos.

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Yo podría hablar de muchas “escenas lgbtqi” que resumen el Buen Vivir; e incluso de algo más cercano a la Civilización del Amor. De alguna forma, todas las escenas de las que he hablado a lo largo de este texto, tienen que ver con lo mismo. Pero ahora me quedo con una en específico: nosotras tres, las gay de la calle Virgulino João da Silva 155, tomando aguardiente barato con Tang y pintándonos los ojos con lápiz en la cocina. Es día de fiesta en el estacionamiento de la Facultad de Educación y, como siempre, las expectativas son altas —y la temperatura allá fuera, bien baja. Queremos calentarnos, queremos besar, queremos follar y queremos olvidar cualquier mierda que haya sucedido en la última semana. —-¿Será que él va estar allá?, —-¡Ojalá que el otro no esté!—- Pasamos por el bar de la esquina para comprar algunos cigarros y los metemos en el bolsillo de la chaqueta. Nos encontramos con más maricas, maricas y travestis por el camino. Sí, siempre andamos juntas. Es una banda.
Nos reímos, bebemos, fumamos y ya percibimos que estamos bien embriagadas. Pasamos por el Rectorado, por la Facultad de Derecho y de Comunicación. Llegamos a la Facultad de Educación y el ruido de la fiesta es grande. Tomamos un poco más del aguardiente que trajimos. También vino barato que alguien trajo. El ruido aumenta y comienzo a reconocer la música. Sonrío pensando que vamos a llegar al auge de la fiesta. Está sonando Inês Brasil,—¡Es Make love!, “Sííííííí. Nos apuramos, amamos esa música. Estamos con las nuestras, en comunidad, en otro espacio y tiempo. Practicamos nuestra cosmoconciencia make love. Y la noche apenas está comenzando.

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Vea “Make Love” - Inês Brasil

BUEN VIVIR O COSMOCONCIENCIA MAKE LOVE_

texto y ilustración: neilton dos reis

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